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viernes, 5 de septiembre de 2008

Not to choose

Choose Life. Choose a job. Choose a career. Choose a family. Choose a fucking big television, choose washing machines, cars, compact disc players and electrical tin openers. Choose good health, low cholesterol, and dental insurance. Choose fixed interest mortgage repayments. Choose a starter home. Choose your friends. Choose leisurewear and matching luggage. Choose a three-piece suite on hire purchase in a range of fucking fabrics. Choose DIY and wondering who the fuck you are on Sunday morning. Choose sitting on that couch watching mind-numbing, spirit-crushing game shows, stuffing fucking junk food into your mouth. Choose rotting away at the end of it all, pissing your last in a miserable home, nothing more than an embarrassment to the selfish, fucked up brats you spawned to replace yourselves. Choose your future. Choose life... But why would I want to do a thing like that? I chose not to choose life. I chose somethin' else. And the reasons? There are no reasons. Who needs reasons when you've got heroin?

viernes, 25 de julio de 2008

Entrevista con el murciélago

Estrenó Batman, el caballero de la noche (The Dark Knight), la segunda producción de la saga bajo la dirección de Chistopher Nolan. Como en Batman inicia, el encapotado fue encarnado por Christian Bale, célebre por su total entrega a personajes tan perturbadores como el yuppie narcisista y sangriento de Psicópata Americano o el insomne delirante de El Maquinista.
Como en Batman inicia, Nolan insistió en mostrar el lado más humano del hombre murciélago y recordarnos que este héroe nada tiene de súper: no vino de otro planeta, ni heredó sus poderes de algún accidente radiactivo. Es puro esfuerzo y tecnología. En el debut, el eje fue la vulnerabilidad, tanto física como emocional. El encapotado se enamoraba y le salían moretones. En esta segunda apuesta, se le suma el sufrimiento por su condición de paria y el castigo por desenvolverse al margen de la ley.
Sin embargo, el verdadero protagonista de esta segunda producción es el fallecido Heath Ledger (lo que la vayan de pseudos progres pero tengan algún asunto irresuelto de homosexualidad reprimida lo recordarán con escalofríos por Secreto en la Montaña, por la que lo nominaron al Oscar; las niñas lo recordaremos suspirando por Casanova). Ledger falleció el pasado 22 de enero a los 28 años en su departamento de Manhattan, a causa de un cóctel fatal de medicamentos recetados (analgésicos, ansiolíticos y pastillas para dormir).
En El Caballero de la Noche, Ledger interpreta al célebre Guasón y logra con creces dejar atrás al simpático villano estelarizado por Jack Nicholson en la Batman de Tim Burton, de 1989. Cuando le preguntaron al director el porqué de su elección, teniendo en cuenta el riesgo que corría al cargar sobre las espaldas del joven actor australiano la recreación del papel de Nicholson, Nolan no dudó: dijo que lo eligió porque Ledger “no le tiene miedo a nada”.
El Joker de Ledger es, como bien se encargó él de definirlo en reiteradas oportunidades, un Guasón punk, un border, la siniestra mezcla de Johnny Rotten, vocalista de Sex Pistols, con Alex de La Naranja Mecánica. No roba porque quiere el dinero, ni tampoco lo hace por la fama. El tipo es un sociópata, cualquier crimen vale la pena en su anárquica cruzada de destrucción, cualquier plan es bueno en tanto le sirva para demostrar su idea de que la solidaridad y el amor al prójimo son pura hipocresía para salir en la tapa de los diarios y que, todo (o todos), en algún punto, es pasible de corromper.
Cuesta sonar sincero con su muerte de por medio, pero lo cierto es que el Guasón de Ledger reúne todas las características de un rol memorable. El actor le dio al personaje (o el personaje le sacó al actor, no lo sabremos) una voz muy particular, irritante, a mitad de camino entre la risa y la queja; una postura de hombros rígidos, de tensión constante; el tic casi ofídico de lamerse los labios todo el tiempo y el maquillaje: una acuarela desbordada, una metáfora casi de libro del sadismo sin límites.
Los guionistas lo ayudaron, hay que admitirlo, y le legaron un par de frases célebres, entre ellas el brillante juego de palabras con el que hace su aparición: “I believe whatever doesn't kill you simply makes you... stranger” o, en castellano (con la consabida pérdida de la broma fonética), “Yo creo que lo que no te mata, simplemente te vuelve más extraño”.
Y ahí tal vez resida el nexo y el magnetismo por el que, entre tantos villanos, el monstruo de la sonrisa eterna sea el partenaire más recordado. En un tramo del film, el Joker le explica a Batman que ambos son freaks y que se necesitan porque de alguna manera se completan. Como dos caras de una misma moneda. Como Dos Caras, que también aparece, tarde y mal.
En líneas generales, la película tiene un tinte denso y oscuro desde la trama que no se llega a plasmar en la estética. Si hay algo criticable de la primera producción de Nolan fue el hecho de haber llevado a Batman a entrenar en el Himalaya, no porque la cordillera asiática sea un problema en sí, sino porque ubicó al personaje en un lugar real. Esa certeza espacial resultó innecesaria, incluso contraproducente.
Uno de los principales méritos que tiene Ciudad Gótica y que supo aprovechar muy bien Tim Burton fue la no pertenencia al mundo real: la Ciudad Gótica de Burton podía quedar en Europa, en Oriente o en una burbuja en el fondo del mar y la historia podía ocurrir en 1930 o en 2030, quién sabe. Ciudad Gótica puede ser todas las ciudades o puede no ser ninguna y para una historia que transita constantemente la cornisa entre la ciencia ficción y el género fantástico, esto una gran ventaja. Pues Nolan vuelve a desaprovecharla. Todo es tan yanqui, tan siglo XXI y tan brillante, que sin los personajes, las locaciones podrían servir para filmar una nueva “Leyenda” o “El día después de mañana” o “Día de la Independencia” y la verdad es que no hace falta. En serio.

sábado, 24 de febrero de 2007

Flores en la tumba del pasado

El argumento de Flores Rotas, de Jim Jarmusch, podría resumirse como otra historia de un solitario maduro emprendiendo una aventura que promete darle sentido a su vida. Con los típicos guiños que buscan la identificación del “a mí también me pasa” –recurso aceptable si se tratara de una sitcom-, y una seductora estética vintage, la visita forzada a los viejos amores para saldar deudas con el pasado –mitad nostálgica y mitad detectivesca-, huele todo el tiempo a naftalina.
El viaje de Don Johnston (el clásico antihéroe melancólico marca registrada de Bill Murray) es en realidad la vida misma: el pasado no tiene ningún tipo de correlato en el presente, no hay determinismos, ni deducciones, ni principios de causa-efecto que alumbren, aunque sea por un rato, el porvenir. El protagonista deambula tratando de encontrarle lógica a las cosas que pasan, tratando de leer señales que den algún tipo de explicación al devenir de su vida, alguna certeza...y es inútil. Por mucho que se esfuerce, el sentido de su vida no está ni en una cintita rosa, ni en una tarjeta, ni en el color de una birome. Porque lo más probable es que no esté en ningún lado, o que directamente no exista.
Con esa premisa en mente, el final supuestamente abierto, ya no lo es tanto. Flores rotas es la historia del hombre y su circunstancia, y ninguna de las dos cosas sirven para predecir algo, ninguna de las dos cosas llevan consigo una lectura más allá de lo que están mostrando en ese momento. Lo dice su protagonista: “Bueno, el pasado se ha ido, eso lo sé. El futuro no está aquí aún, lo que sea que vaya a ser. Entonces, todo lo que hay, es esto. El presente.” Allí está entonces Don, los 360º de mundo a su alrededor y más allá de eso, nada. Porque es todo lo que hay, todo lo que tenemos para ver, todo lo que el director podía mostrar. The rest is silence, diría Shakespeare.

sábado, 27 de enero de 2007

Nada es lo que parece

Después de un ardiente debate, el equipo de Estimados Clientes llegó a la siguiente conclusión: no entendemos la psicología del personaje de Paul Giamatti en El Ilusionista (Neil Burger, 2006).
¿Por qué se alegra el Inspector Uhl cuando se entera de que fue engañado? ¿Por qué está orgulloso? ¿Por qué traiciona al heredero de la corona, cuando desde el principio sabía que su plan era derrocar al emperador? Inicialmente iba a ayudarlo, pero cuando descubre que, además de golpista, es un asesino, ¿sus valores se subvierten y lo traiciona?

Si todos piensan que ella está muerta, si a nadie le importa realmente quién es él… ¿por qué el mago no huye con la dama en vez de comprar el teatro y poner en cartel la nueva obra? ¿Sólo para vengarse y matar al príncipe?
¿Cómo hace para crear fantasmas si no tiene poderes sobrenaturales? Sinceramente, preferiríamos que los tuviese. Es más verosímil crear fantasmas con magia que sin.
¿Por qué el príncipe muere, y a pesar de que usted, señor espectador, sabe que es un suicidio, nadie en el palacio sospecha del Jefe de Policía, a su lado, en la misma habitación, al momento de morir?

¿El príncipe no podría haber acusado a Uhl de mentiroso y traidor ante su padre, en lugar de matarse?
¿Por qué, al final, el Inspector Uhl se ríe, solo, en el andén, mirando al cielo?
¿Qué es un “final controvertido”? ¿Un final de mierda?









Hola, ¿boletería? Ah, sí, quiero que me devuelvan la plata. Y mis expectativas, por favor. Gracias.